La tristeza consumió todo su ser. Decidida a llorar, aunque le parecía estúpido, sobretodo si era por amor, agarro dinero, las llaves del auto y salio a comprar chocolate marroc, su adicción.
Compro cinco cajas enteras, dos paquetes de pañuelos descartables, con algunas gaseosas y porquerías. Se tiro en la cama, y empezó a comer, a ver películas y llorar.
Llorar y llorar y llorar. En ese momento no le parecía estúpido. Amaneció con moco, los ojos chinos y rojos, transpirada y con lagrimas secas en las mejillas.
No se movió hasta el atardecer, se quedo pensando. Se sentía como la loca de los gatos, sin gatos.
Tomo un café, agarro lápiz y papel. Se descargo a más no poder. Termino exhausta.
El espejo reflejaba su imagen, el solo hablaba, ella no. Empezaron a salir palabras de su boca. Fueron tantas que inundaron la habitación. Termino ahogada entre ellas.
Cuando encontraron su cadáver, todavía quedaba una en su boca, que, junto con el olor a menta, salio disparada.
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