martes, 7 de septiembre de 2010

pensar

Tirarse "bomba", en una especie de nudo, agarrando las piernas con los brazos. Tomo aire, y se zambullo. Salpico ¿A quién? nadie se encontraba allí.  
Magia, o algo parecido. ¡ESTOY VOLANDO! grito abriendo bien los ojos, pero las palabras nacieron extrañas, sin sentido. No importo, siempre que hablaba, cuando lo hacia, nadie lo escuchaba. A veces, para sentirse mejor, le hablaba a la pared. 
Parecía estar seco, mojado en el aire, seco en el agua. 
Ahora podía entender bien a sus compañeros con anteojos, lo veía todo borroso, como a  la mañana, cuando   se despertaba para ir al colegio. 
Grito. Dolor y desesperación al mismo tiempo. No fue el mejor momento para acordarse que no sabia nadar. 
Imágenes, su vida entera, que a pesar de no ser mucha, los años fueron segundos. Segundos llenos de tristes y amargos momentos. Al fin y al cabo, su vida nunca fue demasiado feliz. 
Pero el tiempo era lento, y a pesar de gritar, nadie ayudaba, nadie escuchaba. 


En medio de la charla y el mate, algo faltaba. Tal vez, el silencio de alguien. Preguntaron por él, gritaron su nombre. Nadie iba corriendo feliz de que se acuerden, por lo menos de su  nombre. Nadie con ojos de esperanza por un abrazo. Nadie con respuestas tímidas, pero acciones rápidas. Nadie apareció. 
Buscaron hasta quedarse deshidratados. Solo un niño grito junto a la pileta al ver la imagen que se quedaría en su mente por toda la vida. 
Lo sacaron rápido, llegaron tarde. Si lo hubieran conocido, sabrían su amor por el agua . Pero como tontos, perdieron una vida mas de todas, una pequeña, una inocente. 
Luego lo lloraron, hipócritas. 

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No se puede leer de verdad un libro sin estar solo. Pero precisamente por esa soledad uno se relaciona de la manera más intima con personas con las que quizá uno no se hubiera encontrado jamás, bien porque están muertas desde hacer siglos o porque hablan idiomas que no entiendes. Y sin embargo se han convertido en tus más íntimos amigos, en tus más sabios consejeros, en los magos que te hipnotizan, las amantes con las que siempre has soñado.
Antonio Muñoz Molina, "El poder de la pluma"